Al principio, hablar frente de muchas personas me causaba pánico y así mismo me generaba ansiedad. Sin embargo, decidí enfrentar ese miedo. Empecé practicando con presentaciones en clase, grabándome y pidiendo retroalimentación a los profesores. Con el tiempo, aprendí a preparar mejor mis discursos, controlar mi respiración y empatizar con el público. Hoy en día, no me considero la mejor pero disfruto compartir ideas en público. La experiencia que he recaudado estos años me demuestra que, con práctica y actitud positiva, cualquiera puede mejorar su comunicación oral.
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